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todavía oigo tropezar quedo tu pelo
con bloques apacibles de aire en
el pasillo alebrestar manchas que rumian
embebidas de sombra
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.subo con el oído la escalera negra
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todavía oigo tropezar quedo tu pelo
con bloques apacibles de aire en
el pasillo alebrestar manchas que rumian
embebidas de sombra
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.subo con el oído la escalera negra
alojo tanta cafeína
que podría cruzar el fin del mundo sin anochecer
pero la víspera en que recorrí todas las calles
no halle cómo morir de sueño
sino de este solo
gran dia en la ciudad más larga herida la
dorada que pace del animal constante y lo rebasa
en
||||||||||||||||||||||||||||||||―||||||||||||||||||||||||||||||||||||la llanura
el colmo que amo y su lento descenso ―mis iguales.
Categorías: jet lag
Etiquetado: hangares temblando, insomnio, poema