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esta tarde abandonó la rampa bengala como cuando yo quiero
en la pantalla estrecharon ahora los mismos zigzagues
el cielo que esos días entretuvo en surcar
huesos de oro blanco en el pozo
minas de la plana de leche grande
las motas atómicas de la vaca en que nosotros vivimos.
me impresiona aparecer temblando a la mitad
de este animal vespertino en que transcurre el otro
con resquemor de hangar
es divisoria la admiración en los extremos de esta semejanza
albergo una burbuja ahíta de filos como por doquier
acudan cortezas encarnadas de actitud girasol, o de cíclope.
seguí a la tarde con arado ahínco: parecí el último peldaño
de ascensora identidad. el surtidor que en la mojada
noche de mercurio horada su tesitura ebullición
labra el interior de la sombrilla con piedras de caer
allá la exposición de la fractura kilómetros más tarde
por un intenso colmo detenido, sangró sangre de antes revelada
el tropel atravesóme por el pecho la consecutiva espalda y el túnel
que la velocidad sedimenta con el rojo puso mi corazón|||||en su sitio
había distancia escorzada y calor, acontecido de repente
no sé en qué giro de este rúbik la tarde trascendió
del volumen el enfoque consistente.
la canción que aprehendió en el ojo a yacer
durante la estrella de recién||||||mientras salió de la vista
el peldaño: llegué más lejos de la tarde convertido en una
llave para esta remota habitación temporada.
en los cuartos llenos de ella abro los ojos en detrimento de mi posición
miro al ras lo que siento, y en suma: ello habrá de verme sentirlo.
pero ocupa lugar en el futuro la sensación de la cámara que abre
y recrea el peldaño aquel al que nada sucedió
o la estrella descompuesta, el acceso mantiene herida.
esta tarde puede durar la noche entera las ubres estalactitas
agotando rayos de plata, y yo apaciento de la inmortalidad.
en su jaula viva ronda el cielo seguido por aquí ―su franjado
es la coyuntura veloz de los tajos||||||||||||tigre de sí, y de no
lo que asombra nuestra representación. cuando brillamos tú y yo
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bajo la parasola.
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