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(poemas leídos en la apertura del ciclo “la antología del lector”, de poesía en vivo, el 13 de noviembre en la casa del árbol. compartí la sesión con iván trejo; pero éstos son los poemas que yo escogí –de último momento, he añadido una nota al final)
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la música callada,
la soledad sonora
San Juan de la Cruz, “Cántico espiritual” (España: 1532-1541)
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*Guillermo CARNERO (España: 1947)
Les charmes de la vie
Watteau
Que no turben las aves el crepúsculo.
Va a comenzar el vals. Que todo quede
en tinieblas. Que las sedas oculten
las abiertas ventanas, y que alguien desenlace
los gruesos terciopelos. Nada debe
amenazar el flujo de la música:
ninguna arista o mármol o pájaro dormido.
Que nada permanezca. Sólo el aire
ilumine las fuentes ocultas de la noche,
difunda en las estancias un resbalar de remos
en los estanques, prenda el roce de las hojas
que desordena el viento entre las alamedas,
apague los destellos sobre los ventanales,
que las cortinas pongan su caliente aleteo
sobre cada cristal para que los espejos
no descubran de dónde brotan los surtidores,
para que no resbalen hacia las balaustradas
las serpientes del agua, para que en la penumbra
los colores del mármol y de los terciopelos
desprendan un ingrávido gorgotear de luces
y así, por un redondo laberinto de cauces
poco a poco la música, brotando de la oscura
transparencia del aire, irrumpa desde cada
cristal amortajado, desde cada moldura,
libere sobre el musgo las voces de la noche
para que en el silencio girando las corrientes
heladas, ni los dedos ni la curva del torso
de la estatua disientan de la inmóvil presencia
de los vasos que oprimen en las encrucijadas
un puñado de inertes raíces sumergidas.
Anacreonte supo renunciar a casi todos los mitos de su tiempo:
patria, fama, triunfo, dignidad de soldado,
respeto hacia los muertos y amistad con los dioses.
¿Cómo no serenarse si todo está perdido?
Las montañas azules, a lo lejos, van siendo lamidas por la sombra.
Dibuja los contornos de las torres lejanas
la palidez helada de un viento submarino,
iluminando el brillo de los ojos, nítidos y cercanos
pero imposibles, como el rastro de umbría verdura que sugiere
el escondido cauce de un río subterráneo.
Que resuene el laúd, porque las voces
quebrarían el aire de la tarde.
Que los dedos desaten, entre los encajes,
el unánime llanto de las cosas,
pero que nadie intente otra vez pulsar las raíces de la vida.
Con el sol poniente van a lanzar sus últimos destellos, sobre
las hojas amarillas,
las irisaciones de la música,
y los dioses silvestres convocan al silencio en la espesura.
Que nadie intente descubrir los sones
originarios.
La noche desciende
sobre las tazas de las fuentes mudas, como las hojas muertas,
y oprime con mano tibia los atributos de la música:
latón pulido de las cornamusas,
resonancias que cierran su corola junto a los bucráneos
festoneados de racimos y cintas.
Ahora resbala por las escalinatas
la múltiple aureola de las luces
(¿y por qué no subir, si todo está perdido?)
y se desgrana el vals entre las risas
mientras las lentejuelas de las máscaras
reflejan un brillante remolino de sedas,
como un enorme espejo alucinado.
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*Antonio GAMONEDA (España: 1931)
Te beberé el cabello
y cerraré los ojos.
Tú seguirás manando
tu cabello
turbio de besos.
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Estar en ti
Yo no entro en ti para que tú te pierdas
bajo la fuerza de mi amor;
yo no entro en ti para perderme
en tu existencia ni en la mía;
yo te amo y entro en tu corazón
para vivir con tu naturaleza,
para que tú te extiendas en mi vida.
Ni tú ni yo. Ni tú ni yo.
Ni tus cabellos esparcidos aunque los amo tanto.
Sólo esta oscura compañía.
||||||||||||||||||||||||||Ahora
siento la libertad.
|||||||||||||||||||Esparce
tus cabellos.
|||||||||||||||Esparce tus cabellos.
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*Fernando PESSOA (Portugal: 1888-1935)
Ven a sentarte conmigo, Lidia, a la orilla del río.
Sosegadamente miremos su curso y aprendamos
que la vida pasa, y no tenemos las manos enlazadas.
(Enlacemos las manos.)
Luego pensemos, niños adultos, que la vida
pasa y no queda, nada deja y nunca vuelve;
va hacia un mar que está lejos, cerca ya del Hado,
más lejos que los dioses.
Soltémonos las manos, pues no vale la pena cansarnos.
Gocemos o no gocemos, pasamos como el río.
Más vale saber pasar silenciosamente
y sin grandes desasosiegos.
Sin amores, ni odios, ni pasiones que alzan la voz,
ni envidias, dan harto movimiento a los ojos,
ni cuidados, pues si los tuviese el río igual correría
y siempre iría a dar al mar.
Amémonos tranquilamente, pensando que podríamos,
si quisieramos, cambiar besos y abrazos y caricias,
pero que más vale estar sentados uno junto a otro
oyendo correr el río y viéndolo.
Recojamos flores, tómalas tú y póntelas en el regazo
y que su perfume suavice el momento—
este momento en que sosegadamente en nada creemos,
paganos inocentes de la decadencia.
Al menos, si yo fuese sombra antes, te acordarás de mí
sin que el recuerdo te arda o te hiera o te perturbe,
pues nunca enlazamos las manos, ni nos besamos
ni fuimos más de lo que son los niños.
Y si antes que yo llevaras el óbolo al barquero sombrío,
nada tendré que sufrir al acordarme de ti.
Me serás suave a la memoria recordándote así —a orillas del río—,
pagana triste con flores en el regazo.
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*CATULO (Verona: 87aC-57aC)
Poema VI
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Desgraciado Catulo,
deja de hacer locuras,
y lo que ves perdido, por ello dalo.
Brillaron para ti en otro tiempo blancos los soles,
cuando acudías allá donde quería una muchacha,
amada por nosotros como no será amada ya ninguna.
Eran entonces aquellas tantas diversiones
que deseabas tú y que ella no rehusaba.
Brillaron, sí, para ti blancos los soles.
Mas ella ya no quiere, y tú
-reprime la pasión tampoco quieras,
ni vayas tras quien huye,
ni vivas desgraciado,
sino que, duro el ánimo, tente firme.
No sientas. Adiós muchacha,
Catulo ya no siente.
Pues que no lo deseas,
ya no te irá a buscar ni te hará ruegos,
pero tú sufrirás cuando nadie te ruegue.
Ay de ti, desdichada, ¡qué va a ser de tu vida!
¿Quién va a estar junto a ti?
¿Quién te verá bonita?
¿Ahora a quién vas a amar?
¿De quién dirán que eres?
¿A quién vas a besar?
¿Morderás en qué labios? Pero,
Catulo, tú, condenado, no sientas.
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*José LEZAMA LIMA (Cuba: 1910-1976)
Ah, que tú escapes en el instante
en el que ya habías alcanzado tu definición mejor.
Ah, mi amiga, que tú no quieras creer
las preguntas de esa estrella recién cortada,
que va mojando sus puntas en otra estrella enemiga
Ah, si pudiera ser cierto que a la hora del baño,
cuando en una misma agua discursiva
se bañan el inmóvil paisaje y los animales más finos:
antílopes, serpientes de pasos breves, de pasos evaporados,
parecen entre sueños, sin ansias, levantar
los más extensos cabellos y el agua más recordada.
Ah, mi amiga, si en el puro mármol de los adioses
hubieras dejado la estatua que nos podía acompañar
pues el viento, el viento gracioso,
se extiende como un gato para dejarse definir.
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*Francisco de QUEVEDO (España: 1580-1645)
Amor constante más allá de la muerte
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Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;
mas no, de esotra parte, en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa.
Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
médulas que han gloriosamente ardido,
su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.
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*Rainer Maria RILKE (Checoslovaquia: 1875-1926)
La Diosa -fragmento
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No, no son los recuerdos
los que en mí te retienen;
tampoco eres ya mía
por la fuerza de un hermoso deseo.
Lo que te hace presente
es el candente rodeo
que una lenta ternura
traza en mi propia sangre.
No necesito
verte aparecer;
nacer ya me ha bastado
para perderte un poco menos.
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*Antonio GAMONEDA
Aún
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Hubo un tiempo en que mis únicas pasiones eran la pobreza
y la lluvia.
Ahora siento la pureza de los límites y mi pasión no existiría
si dijese su nombre.
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*Henrik NORDBRANDT (Dinamarca: 1945)
Piazza Duomo
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Otoño, el otoño de los otoños:
La lluvia cae a cántaros a través de la luz.
El bronce se derrite y se solidifica.
La luz cambia de sitio con el bronce.
La muerte cambia de sitio con el bronce
que se derrite y se solidifica.
Los cañones se funden para hacer campanas
y las campanas para hacer cañones.
El ruido de los cañones fuera de las murallas de la ciudad.
El sonido de las campanas en la plaza.
La lluvia cae a cántaros a través de la luz.
La muerte cambia de sitio con el sonido.
Espadas convertidas en arados, arados en espadas.
Cañones y campanas.
El estrépito de la guerra sobre campos negros.
El estrépito de Dios en la plaza.
La plaza, el sitio de todos los sitios.
La idea de un sitio
en otoño, el otoño de los otoños.
La muerte cambia de sitio con la idea.
La plaza está vacía. La lluvia cae a cántaros.
Los cañones se van acercando.
Las campanas se oyen ahora constantemente:
La idea de Dios. Es otoño.
Campanas en cañones. La plaza de Dios
donde está la iglesia. La lluvia muerta.
Los cañones se oyen ahora todo el tiempo.
La plaza está vacía. Es otoño.
La idea de un sitio: El sitio de Dios
está vacío. Las campanas suenan.
La muerte ha cambiado de sitio con el bronce.
La muerte ha cambiado de sitio con el sonido.
La muerte ha cambiado de sitio con la idea:
La idea de Dios, la idea de la Muerte,
el Dios de todos los dioses, la Muerte de todas las muertes.
La Muerte ha cambiado de sitio con el sitio.
Es otoño. Llueve a cántaros.
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*José LEZAMA LIMA
Una oscura pradera me convida,
sus manteles estables y ceñidos,
giran en mí, en mi balcón se aduermen.
Dominan su extensión, su indefinida
cúpula de alabastro se recrea.
Sobre las aguas del espejo,
breve la voz en mitad de cien caminos,
mi memoria prepara su sorpresa:
gamo en el cielo, rocío, llamarada.
Sin sentir que me llaman
penetro en la pradera despacioso,
ufano en nuevo laberinto derretido.
Allí se ven, ilustres restos,
cien cabezas, cornetas, mil funciones
abren su cielo, su girasol callando.
Extraña la sorpresa en este cielo,
donde sin querer vuelven pisadas
y suenan las voces en su centro henchido.
Una oscura pradera va pasando.
Entre los dos, viento o fino papel,
el viento, herido viento de esta muerte
mágica, una y despedida.
Un pájaro y otro ya no tiemblan.
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*Leopoldo María PANERO (España: 1948)
20,000 leguas de viaje submarino
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como un hilo o aguja que casi no se siente
como un débil cristal herido por el fuego
como un lago en que ahora es dulce sumergirse
oh esta paz que de pronto cruza mis dientes
este abrazo de las profundidades
luz lejana que me llega a través de la inmensa lonja de
la catedral desierta
quién pudiera quebrar estos barrotes como espigas
dejad me descansar en este silencioso rostro que nada
exige
dejadme esperar el iceberg que cruza callado el mar sin
luna
dejad que mi beso resbale sobre su cuerpo helado
cuando alcance la orilla en que sólo la espera es posible
oh dejadme besar este humo que se deshace
este mundo que me acoge sin preguntarme nada este
mundo de titíes disecados
morir en brazos de la niebla
morir sí, aquí, donde todo es nieve o silencio
que mi pecho ardiente expire tras de un beso a lo que
es sólo aire
más allá el viento es una guitarra poderosa pero él no
nos llama
dejadme entonces besar este astro apagado traspasar el
espejo y llegar así adonde ni siquiera el suspiro es
posible
donde sólo unos labios inmóviles
ya no dicen o sueñan
y recorrer así este inmenso Museo de Cera deteniéndome
por ejemplo en las plumas recién nacidas
o en el instante en que la luz deslumbra a la crisálida
y algo más tarde la luna y los susurros
y examinar después los labios que fulgen
cuando dos cuerpos se unen formando una estrella
y cerrar por fin los ojos cuando la mariposa próxima a
caer sobre la
tierra sorda quiere en vano volver sus alas hacia lo verde
que ahora la desconoce.
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*Arthur RIMBAUD (Francia: 1854-1891)
Mala sangre –fragmento
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El hartazgo no es más mi amor. Las iras, las desmesuras, la locura… conozco todos sus impulsos y desastres: me he deshecho de todo ese fardo. Apreciemos sin vértigo la extensión de mi inocencia.
Ya nunca seré capaz de pedir el consuelo de una golpiza. No me creo embarcado en una boda con Jesucristo por suegro.
No soy prisionero de mi razón. He dicho: Dios. Deseo la libertad en la salvación: ¿cómo perseguirla? Los gustos frívolos me han abandonado. No más necesidad de devoción ni amor divino. No me da nostalgia el siglo de los corazones sensibles. Cada uno con su razón, desdén y caridad: retengo mi puesto en esa escalera angelical del buen sentido.
Respecto de la dicha establecida, doméstica o no… No, en verdad no puedo. Soy muy etéreo, muy débil. La vida florece por el trabajo, vieja verdad: mi vida no tiene peso suficiente, echa vuelo y flota sobre la acción, ese querido punto de apoyo del mundo.
¡Qué solterona me estoy volviendo por carecer del valor de amar la muerte!
Si Dios me otorgase la calma celestial, del aire, la plegaria –como a los antiguos santos… ¡Los santos!, ¡los fuertes! ¡Los anacoretas, artistas que el mundo ya no necesita!
¡Farsa continuada! Mi inocencia me provocaría las lágrimas. La vida es la farsa a desenvolver con la ayuda de todos.
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*Sylvia PLATH (EE.UU. 1932-1963)
Lesbos –fragmento
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No hablo.
Estoy empaquetando las duras patatas como si fueran ropa de vestir,
estoy empaquetando a los niños,
estoy empaquetando a los gatos enfermos.
Oh recipiente de ácido,
es de amor de lo que estás llena. Sabes a quién odias.
Él está abrazado a su bola y a su cadena, allá abajo, en el portal
que da al mar en el punto en que se mete, blanco y negro,
para escupirse luego.
Tú lo rellenas todos los días de material anímico, como un
jarro. Estás cansada.
Tu voz es un pendiente en mi oreja,
que aletea y que chupa, como un murciélago sanguinario.
Eso es. Ya está bien.
Fisgas desde la puerta,
triste bruja. "Todas las mujeres son unas putas.
No logro comunicar con nadie".
Veo tu ambiente tan bien descompuesto
cerrarse sobre ti como el puño de un niño
o una anémona, esa novia
del mar, esa cleptómana.
Yo todavía estoy cruda.
Digo que quizá vuelva.
Ya sabes para qué sirven las mentiras.
No nos encontraremos ni en tu cielo Zen.
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*Antonio GAMONEDA
Descripción de la mentira –fragmento
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Yo no tengo esperanza sino una pasión cuyo nombre
tú no vas a decirme.
Yo no tengo esperanza sino una pasión cuyo nombre
no va a tocar tus labios.
He cruzado mi infancia y países de morfina y largos
bosques en los que descanse y grandes alas pasaron
sobre mis ojos.
En los lugares a los que yo acudo al atardecer hay
frutos muy espesos de los que hago recolección y
mis dedos son abrasados por las luciérnagas
pero yo hago recolección y me demoro en acudir a
otros lugares, a las alcobas donde mi madre envejece
más allá de la vejez.
Y las palabras, fiebre bajo las tégulas, grumos retrocediendo,
hieles que enloquecían bajo el disfraz
del sueño,
¿qué son, qué hacen en mí cuando se ha extinguido
la verdad?
De la verdad no ha quedado más que una fetidez de
notarios,
una liendre lasciva, lágrimas, orinales
y la liturgia de la traición.
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*Olga OROZCO (Argentina: 1920-1999)
Con este boca, en este mundo
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No te pronunciaré jamás, verbo sagrado,
aunque me tiña las encías de color azul,
aunque ponga debajo de mi lengua una pepita de oro,
aunque derrame sobre mi corazón un caldero de estrellas
y pase por mi frente la corriente secreta de los grandes ríos.
Tal vez hayas huido hacia el costado de la noche del alma,
ese al que no es posible llegar desde ninguna lámpara,
y no hay sombra que guíe mi vuelo en el umbral,
ni memoria que venga de otro cielo para encarnar en esta dura nieve
donde sólo se inscribe el roce de la rama y el quejido del viento.
Y ni un solo temblor que haga sobresaltar las mudas piedras.
Hemos hablado demasiado del silencio,
lo hemos condecorado lo mismo que a un vigía en el arco final,
como si en él yaciera el esplendor después de la caída,
el triunfo del vocablo con la lengua cortada.
¡Ah, no se trata de la canción, tampoco del sollozo!
He dicho ya lo amado y lo perdido,
trabé con cada sílaba los bienes que más temí perder.
A lo largo del corredor suena, resuena la tenaz melodía,
retumban, se propagan como el trueno
unas pocas monedas caídas de visiones o arrebatadas a la oscuridad.
Nuestro largo combate fue también un combate a muerte con la muerte, poesía.
Hemos ganado. Hemos perdido,
porque ¿cómo nombrar con esa boca,
cómo nombrar en este mundo con esta sola boca en este mundo con esta sola boca?
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*Paul CELAN (Rumanía: 1920-1970)
de Cristal de aliento –fragmento
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Un pensamiento: alto
árbol tañe el
tono de la luz. Aún
hay cantos que entonar más allá
de los hombres.
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*Roberto JUARROZ (Argentina: 1925-1995)
de Poesía vertical –fragmento
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No esperar el trato ciego de la caída.
Crearla como si fuera un horizonte
o quizá el gesto crédulo de un animal invisible,
sabiendo que abajo en cualquier parte,
hasta el antiguo sitio donde un nombre sin nadie,
hasta sin él,
inventó el amor.
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*Fernando PESSOA
Aguardo ecuánime lo que no conozco:
mi futuro es el de todo. Al fin
todo será silencio, salvo
donde el mar bañe la nada.
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Ya estoy tranquilo, ya no espero nada
ya sobre mi vacío corazón
desciende la inconsciencia sagrada
de no querer una ilusión.
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Coronadme de rosas.
Coronadme en verdad
de rosas
-¡Rosas que se apagan
en frente que se apaga
tan temprano!
Coronadme de rosas
y de hojas breves.
Y basta.
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*Leopoldo María PANERO
The end
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he fumado mi vida y del incendio
sorpresivo quedan
en mi memoria las ridículas colillas:
seres que no me vieron, mujeres como vaho,
humo en las bocas, y silencio
por doquier, como un sudario
para lo que no quise ser, y fue
como vapor o estela sobre las olas ociosas,
niños con marinera
que en la escuela aprendieron el Error.
no había nadie en aquel pozo, estaba
vacía la cárcel, pienso cuando
abriendo al fin la puerta, y descorriendo
por fin el cerrojo que me unía
inútilmente a las águilas, y me hacía
amar las islas y adorar la nada,
descubro
banal, y sonriéndome, la luz.
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-nota al final: ésos fueron los poemas que escogí; sin embargo, a fin de no rebasar el tiempo que tenía destinado para mi turno (20 minutos), prescindí de leer dos de ellos: “Mala sangre”, de Rimbaud, y “Lesbos” de Sylvia Plath. hubo otros poemas que tenía en mente al comenzar a la selección, y que me pesó un poco dejar de lado: en especial poemas de César Vallejo (pensaba, entre otros, en “Considerando en frío, imparcialmente”), aunque también prescindí de “Incompletamente”, de Juan Gelman, y “Contra la muerte” de Gonzalo Rojas. obviamente, hay más poemas que me gustan. pero a la hora de comenzar la selección lo que más tenía seguro era que quería llevase por “epígrafe” esos versos que amo de San Juan de la Cruz , y que me parece que son como la definición que a mí me va de la poesía –digresivamente: si la hay, la definición de ser-poeta que a mí me va está en estos otros versos: “Oh inteligencia, soledad en llamas”, de Gorostiza, quien tampoco está aquí… en fin. así que fueron planteándoseme esbocitos de criterios y finalmente opté por el más o menos “temático”, el del aspecto que tenía más incidencia en la selección. al caso, fue el del amor bajo la forma de renuncia-desapego. abrí con el poema de Carnero como una forma de adelantar o advertir a dónde iba a dirigir mi lectura y cuál sería su tenor. seguí con uno de los primeros poemas de Gamoneda, ése en el que me parece ya está contenida una de las nociones principales de su obra: amar es ensuciar al ser amado por adoración. intenté llevar un poco más allá el desapego, trascendiéndolo (poemas como los de Lezama Lima, eso que él gustaba de llamar sobrenaturaleza), e incluir un poema aislado él mismo del resto en mi sesión: Nordbrandt con “Piazza Duomo”. mi intención fue continuar paseando por distintos grados de la renuncia a través de varios poemas hasta culminar en la negación –una negación que se da cuenta, reveladora: la transgresión antinatural de quien ha franqueado la distancia que opone el objeto del deseo: Panero en “The end”, ante la sonrisa luciferina que aguarda-en eso que más amamos –una vez que hemos podido realmente hacerlo, si ello es posible.
por el lado de las acotaciones y lo acaso “técnico”: el poema de Carnero pertenece al libro Dibujo de la muerte (publicado por Ocnos). los poemas de Gamoneda pertenecen, en el orden de la lectura, a los siguientes libros, respectivamente: La tierra y los labios (“Te beberé el cabello”), Blues castellano (“Estar en ti”), Libro del frío (“Aún”), y Descripción de la mentira. De Pessoa… la mejor traducción que he leído es la de Marcelo Cohen, que publicó Losada; pero a la hora de hacer esta nota he prestado el libro, y en línea sólo pude conseguir íntegro el primer poema (“Ven a sentarte conmigo, Lidia”); los otros poemas los he escrito de memoria, así que lo advierto por cualquier imprecisión –en cualquier caso, creo que el ya citado fue escrito bajo su heterónimo de Ricardo Reis, mientras que el resto pertenecen a los que firmó como Alberto Caeiro. de Catulo… es la excelente traducción de Juan Manuel Rodríguez Tobal en la compilación de Mondadori: Algunos versos más desvergonzados. Lezama Lima “Ah, que tú escapes” y “Una oscura pradera me convida” son parte de Enemigo rumor. de Quevedo… pues sobra acotar. el fragmento de Rilke lo recuerdo yo de un edición que se llamaba Las rosas, y fue publicado por una editorial mexicana; lo recuerdo, pero hace mucho que no lo encuentro –me parece que es traducción de Lizalde. el poema de Nordbrandt… no sé exactamente a qué libro pertenece; yo lo apunté hace mucho de una antología suya publicada por Lumen, traducida por Uriz: Nuestro amor es como Bizancio. ahora, Panero: “20,000 leguas de viaje submarino” lo encuentran en Así se fundó Carnaby Street; no estoy seguro de “The end”, pero tal vez esté en El que no ve –casi toda su poesía está en Visor. En el caso de Rimbaud… “Mala sangre” es parte de Una temporada en el infierno, pero como ninguna versión de las que tuve a mano me parecía ideal, o tuve demasiadas opciones como para contentarme… me permití malamente incluir líneas de varias traducciones, según se me acomodaran mejor al gusto. Con Plath y con Juarroz… me pidieron los papeles al final de la lectura y de ellos sólo tenía copias, así que 1) no estoy del todo seguro que la integridad del poema de Plath esté intacta (la original, la había tomado de su libro Ariel, en la edición de Hiperión, y 2) en el caso de Juarroz… lo he transcrito de memoria, es muy posible que me falle alguna palabra. el poema de Olga Orozco le da título al libro al que pertenece. el fragmento de Celan… me lo he recordado también; pero la mejor traducción que he encontrado de Cristal de aliento… curiosamente está en un libro de filosofía cuyo título no me viene ahora pero es de Hans-George Gadamer, hace hermenéutica de la poética del rumano y al final viene el libro completo con esa hermosa traducción –el libro de Gadamer es, recuerdo, editado por Herder.
como verán, me puso muy contento hacer la selección, tanto que me he puesto a comentar el proceso dándome la gran importancia.
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