máquina de escribir

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carrousel

Diciembre 23, 2008 · Dejar un comentario

parezco entrar en tu casa de noche.

las paredes humedecen el ámbito de límite.

recorro habitante lentitud submarina. ella se apila

en el último: en el más reciente escalón infringe sombra

adentro de la sombra. hay cajas negras. y hay

cajas negras en las habitaciones como al interior

de un vuelo cuyas esquirlas marchan continuas desocupadas

franjas en cielo por el aire, hace tiempo. hace cuántos yacen

en el cielo diamantes nuevos que la omisión pule.

la frontera entre su objeto y el resplandor es una vitrina cutánea

a sus tejidos adiposo es el anverso del fulgor —¿has visto

mariposas golpeando el candado cristalino? creen entrar en la luz,

¿pregunto? escuchan en el golpe de su cuerpo la música de los accesos

y la manifestación de cercanía

corroe su materia dolorida de tránsito que, en un momento más, chascará

de parte del calor. a la carne del ojo el brillo sólo parece confirmar algo

de su correspondiente noción primaria. muertas naturalezas

muertas faunas aladas sujetas en el cuadro diáfano ingrave

por un clavo y sedales que lágrimas al ojo son, péndulo

al reloj. así yo soy en tu extensión pero un colmo rodante, así yo soy

mágico instalado en tu limbo y alveolado solar, semejante a un golpe

cíclope en cuyo impacto coloca el ojo abierto su visión

ahincada por las ráfagas: yo ya sólo puedo ver cosas veloces

huidas, saltos, desbarrancamientos. una suerte de rojos

tu corazón extirpa o exhibe barrenado por

las planas exfoliadas de la ubicua

flor neutral de aquesta insolación: significa mi acontecimiento y que soy yo

una de tus cajas negras. en incremento del espacio el péndulo se izó

cometa: mujer, hay (por lo menos) una nube.

duele abrir esta burbuja en tu oscuridad y mi mano en esta

agua intacta sumergida por doquier estrecha el lado único.

materia ceñida (o) actitud de isla, arena trenzada con espuma son

los pájaros puntuales las estrellas cerezas que retrazan

pululan y contraen hirviendo fibrosos esta fronda. ahora: la maravilla

no es ésa en facultad de árbol, sino la

previamente sombra inexplicable que no la requirió.

se adivinan hormigas amarillas allí donde un follaje debió dejar pasar el sol.

cargan las de sus fragmentos hendidas veces en la espalda como una

cruz que el otoño no —¿existe el otoño?

¿harán esperar hasta él el hambre? ¿pacerán en suma esa paciencia?

pero volvamos a la flor. el cielo está verde de ver desgañitarse

ese jardín hacia allá lanzar su carrera, donde (quizá) el otoño…

reincidamos pequeña, detalladamente, como un rayo al mismo sitio.

en foco está ya el mínimo común múltiplo del jardín: esta flor

surte de un núcleo que no ve: incluso atina

la impresión de isoglosas. tu constitución en acto.

otras chispas flechan ciegas donde aún no has sido

y deslabran del gran puzzle la orilla de tus hombros o

acaban por rezurcir un collar donde pondría los besos.

de esa misma llama suena la nervazón que se vislumbra

vertirse entre tus cabellos repartida, desde un cántaro

flexible todavía en muchos filamentos idéntica al frisar

su resquemor: esto amo. lo que indicia por partir el cielo

en el cielo con el cielo. el hangar latente nuevo asomar

cuando todo ha volado —debo detener estos clavos que no

cesan de ocurrir ahí donde se los dejó.

crecen los muebles hirientes desde su presunto empotrado pasivo.

hay animales aquí siameses que viven anteriores

uno detrás del otro (su mano y la cometa donde jamás

termina el viento) sin alcanzarse nunca.

el espacio sucede a penas entre ellos en esta playa llena

de pelotas cristales que no rompen la ventana reiterada

gotas enormes que el tornasol adora y una y otra vez repasa

untando grosor aceitemente: ello espeta nácares esmaltes

más cerca de la páramos disponible a cualquier

cosa en acción y efecto de guijarro, pero cada vez más

lejos del ojo emisor, la flor oblicua, deslindada —lo sé: se cierne falsa

esta profusa limpidez agresiva. obtendrá de revés un carbón —¿varios?

en el ojo que cierra madura su mentira de piedra con ese fin.

te he abierto en mis ojos, en eso me llagas de hacer.

cuchilla cuyo filo está en brillar: puedo cerrar los ojos, puedo

si quiero, estrellarlos con tu imagen en estas paredes

de movedizo oasis y con quirurgia muñones cercenar estas gotas

añicos en que los que cabe quebrar la duración del espejo

en que narciso perdura muerto y eco nunca existió.

pero me gusta verte intentar el daño.

voy a darte el tiempo para reunirte, napalm desencadenada.

entre ráfagas que la bengala desrayó es oportuno entreverar

dulces en tus fisuras agitadas —hola:

en punto de las 6 he identificado una caja negra en tránsito

de mi clavícula a mi voz. guarda en su compartimento

actos semejantes a que

has volado en mil pedazos,

serpentinas blancas y rojas incrustadas en el pabellón —no pasa nada

a lo más, las incisiones del muro están satinadas de sorpresa, ni los pedazos

gozan de averías. en resumen, el caramelo está reconstruido y

listo para volver a explotar en esta improvisada

circunstancia en las inmediaciones del meteoro. así tú misma

apareces desnuda en casa. ni más lejos ni más veloz.

ahora estás bailando en mi garganta y por fin

yo voy a tocar en ti cantar el tiempo hacerse sensación

y la sensación animales claros, amplias habitaciones

circulares escaleras que de perfil parecen de perfil un caracol

y suenan como el mar adentro de uno.

tengo ganas de besarte en los oídos las canciones ante estas

cómodas luces en que varias veces cabría el sol. luces en que tú, las

luces en que, tanto, tú

tú: sí.

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revelación de la música de fabiola

Diciembre 6, 2008 · Dejar un comentario

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todavía oigo tropezar quedo tu pelo

con bloques apacibles de aire en

el pasillo alebrestar manchas que rumian

embebidas de sombra

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.subo con el oído la escalera negra

Categorías: jet lag
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