máquina de escribir

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no más aplausos

Septiembre 27, 2008 · 2 comentarios

sueño con una legión, anónima e inadvertida  a sí, de poetas omisos. me gustará que se sepan de veras solos y, aun, que no se sepan: que sean solos. cuento con la duda-motor de este animal para que tal forma de vida les resulte indistinguible de respirar y acumular años, sin explicación ni idea de que ésta pueda existir. sus poemas serán como cosas olvidadas de una casa de alquiler a otra, consistiendo en que solos como han de estar jamás tendrán la paz ni podrán detenerse a descansar en sitio alguno –porque eso es lo conducente. si sus versos se quejan o blasfeman, será de algo que ellos no entienden, y si ríen será de algo que no van a tener. alentados por esto cebo inefable y casi cruel, han de escribir cosas menos importantes que la sed que los desgarra, pero a la vez más ciertas y justas que los poemas que escriben adentro de esta casa mentida los poetas que no han salido. el exceso de presencia ha sugestionado a mi república despedida de que esa es la realidad. *

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*tengo fe en que algo de su obra saldrá a la luz, si tiene que hacerlo, mañana o en siglos. pero sin necesidad de adornarlos con la forma grandilocuente de un libro, o de hacerles una publicidad obscena a su naturaleza, o de convertirlos en motivo de estudio y herramienta para aprender una realidad que no es la del poema ni la del hombre –sino sólo la pequeñita del estudio. con esa fe, tengo la certeza sosegada de que el 98 por ciento de lo que escribimos los ahorita contemporáneos comenzará a olvidarse en menos de 100 años o en menos, y de ahí en adelante, sólo un poco más que el registro de nuestros nombres. esto siempre ha sido así. si hoy tomáramos 1000 años de cualquier literatura, sería incluso difícil reunir 100 obras –¿cuánto más 100 nombres?

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epifanía y grotesque

Julio 21, 2008 · 1 comentario

he tenido una depresión fuerte este viernes por la noche –la noche anterior me ha visitado el más antiguo de mis amigos, con quien no platicaba hacía años. está convertido en un idiota y se la ha pasado insultándome para estar más tranquilo de su empresa actual. partió cerca de las 3 de la mañana pero a mí el desafortunado y triste encuentro me ha puesto un mal sabor de boca profundo y el insomnio se me ha prolongado hasta más allá del amanecer siguiente.

desde entonces no ha cesado de ceñirme un ahincado pesar -que si algo le debe a este incidente es la ocasión del pretexto para acontecer más temprano, y no más. por la noche, no puedo menos que reconocer la depresión. a las 11, me doy un baño con la idea de salir a los bares, distraerme y encontrar alguna muchacha. poco después estoy listo para salir. pero me detiene esta duda (qué digo me detiene -me paraliza): ¿vale la pena intentar sobreponerme entre los otros de este abatimiento? no, y eso hace de mí un inválido certero, porque… estoy seguro que no vale la pena. después de todo ¿no son, en gran parte, ellos con su anonimato de profusión y superficie los que también me han enfermado así desde hace tanto, proponiéndoselo o no? sí, tienen mucho que ver pero, nunca, todo. por otra parte, ¿no es cierta mi tristeza? es decir, estar enfermo así ¿no es lo conducente?

por encima de todo, pero de veras por encima de todo, planea la mariposa negra extendiendo de esta duda afrentosa su aire en el espacio que ocupo: ¿quién o qué será capaz de saciar, con justicia, mi tristeza? sin ser más falso ello, ¿qué vendrá a desmentir lo irreductible de esta sed?

al final, me he quedado honestamente en casa, sintiéndome reposar sobre la carcajada fiel –e inútilde la congruencia.

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