máquina de escribir

stand alone complex

he estado padeciendo una nueva sensación en los últimos días. en los últimos años me he dedicado a crecer excavado en mí mismo y ahora parezco transgredirme la piel como quien ha salido enfermo de un sueño. yo estuve ahí, yo viví eso. lo llamo nueva sensación porque no sé cuánto dure o si, finalmente, es en este estado en el que yo soy –si me ejecuto aquí, donde ahora vivo. he asumido por fin que las cosas no tienen sentido… que ello me parece lo conducente, eso es lo nuevo. y estoy tranquilo. resuelto. hago las cosas que se tienen que hacer en estos días aquí y, por un lado, agradezco o me parece afortunado que hayas cosas que se tienen que hacer. aunque no haya para qué hacerlas. pienso que es candoroso o inocente o soberbiamente ingenuo que esperemos encontrar un para esto aguardando en algún punto cualquiera.

ahora, esta posición implica algunas consecuencias, sobre todo en el vínculo que existe entre el espíritu que soy y el cuerpo en el que ando por aquí. sigue causándome un poco de morbo o de intriga mi reciente determinación por dormir lo menos posible. es casi una inclinación inherente, una nueva tendencia en mi sangre y en mis pensamientos. sé que antes me he dirigido hacia esta misma operación, no dormir. pero los motivos eran muy distintos, o los había. antes, había periodos en los que se realizaba en mí una culpa grande, asimilada de una forma purpúrea, por los días que pasaban sin que yo dejara en ellos algo de mí. sumar a los acontecimientos uno que otro hito mío. imagino un canal vertiginoso, una torrencial ardentía sesgando de un lado a otro lo que hay, mientras yo incorporo a su flujo mis excedentes como quien hinca las uñas en una carne esquiva, en un animal como un gamo veloz las balas hechas de sí mismo. así presuponía yo mi registro en la sucesión aparente. y el que no lo hiciera provocaba en mí pesar.

yo identifico ahora dos cosas en esta realidad: la duración y la vitesse. mi forma de acceso a la primera ha sido la intensidad. la exacerbación. alguna vez escribí algo así como convertir en sol la lluvia apresurando su precipitación hasta la incandescencia. así he sido yo, en la zarza, y me he quemado. ahora no me place vivir en llamas, porque lo que yo quería no era vivir en llamas: vivir en llamas ha sido un medio, pero no es el único: hay más. ayer pensaba que lo mío siempre ha sido la poesía, y eso que pensé ayer llevo años pensándolo y es verdad que extraño mucho la poesía. lo cierto es que ahora pienso, no con humildad sino con paz (como acertó mi amigo), que lo mío es la inteligencia. vine aquí a intelegir y, si fuera y volviera, volvería otra vez a la inteligencia. y la poesía, la poesía de verdad, es un medio muy acertado para la inteligencia de todo esto. por eso amo la poesía y es mía, y porque sé que lo que quiero (la inteligencia) no es un objeto, mientras que sí lo es todo lo que yo pueda querer, todo lo que yo puedo aprehender aquí con estas manos o este corazón o esta forma de desear: sí lo es. la poesía es un objeto para vivir la inteligencia y tiene la misma realidad que una batería accionando, por ejemplo, un reloj.

en cuanto a lo que tengo que decir de la duración y la vitesse… lo sé, y sé que es cierto, aunque por ahora no tengo la elocuencia necesaria para describirlo. hablaré de ello, seguro, más tarde. no hay ninguna prisa. me basta saber que es verdad y este tipo de procedimiento o actitud me ha sido efectivo. agradezco haber comprendido temprano que lo que yo hubo de ser con una vehemencia ahíta en cierto momento, desaparecería. también ha sido bueno identificar algunos momentos y estados míos a los que califiqué como puros. momentos, situaciones, estados en los que yo estaba bien completamente y no necesitaba de nada, y hacía las cosas por voluntad. la primera vez que abandoné ese estado, tuve la suerte de recordar lo que quería cuando yo estaba allá, donde no estuve después. porque donde estuve después ya no sabía qué quería, pero anticipaba de todas formas que habría de querer algo, lo que fuese. qué bueno que recordé entonces lo que quería cuando yo estaba bien e hice por ello aunque ya no supiera para qué. ésta ha sido una forma de salvar aquello que yo más amaba cuando amaba porque , por el puro hecho, por amar y ya.

esto me coloca en una tarea de demiurgo (la palabra suena grandilocuente pero su acción, contenerla en sí, es bastante habitual y nada de qué jactarse), esa tarea es la reivindicación de ciertas banalidades y de una activa futilidad; lo mismo de supeditar la inteligencia al servicio de la humildad y de la misericordia. yazgo es mi verbo y estoy abatido en una llanura extensa por el júbilo de la insolación. la insolación es un animal apacible cuyo pelambre caliente sirve para abrir los ojos y por el que siento una empatía tan cristiana. pero tú, que no conoces que nos has visto de veras a la insolación, no podrías verme si lo que yo soy tomara cuerpo, el que le corresponde. es agradable, sin embargo, acercarme a ti con estas cosas orales. tienes estos accesos en los oídos: hay algunos rescoldos de mí que pueden quedar ahí y crecer adentro tuyo como la flor de las ventanas –así quiero durar en ti. yo quiero lograrme en tu alma, ser algo de tu alma.

los efectos adquieren realidad apenas son emitidos por nosotros y, a veces, son más reales que nosotros cuando hacemos las veces de fuente emisora, de surtidor cuyas gotas imprimen algunos destellos capaces de durar en las moléculas del ojo. ejercen, pues, una determinación mayor en lo que sucede. mira el golpe de pájaros trazando una carrera profusa de azar y de sombras en mi expectación: la han entretenido tanto, son parte de muchas cosas en mí. la mayor parte de mi identidad reside en unas cuantas líneas fijas, y en ello no hay nada que lamentar. seis o siete gestos que me expresan yacen o no en la memoria de quien las suscitó, o ante algunos sucesos que pasaron también como se va el verano o cualquier otra cosa que se va. efectos, reacciones, impresiones, chispas. pocas cosas más higiénicas que la ceniza.

si escribo en mi primera persona, si soy yo aquí es porque es atractivo ser otro en el texto y cambiar las paredes de esta casa por las de tu inteligencia. esta diversión del niño en el que me he convertido de grande. también moverse en medio de estas leyes semiológicas es otra diversión. otra –esta relatividad ha sido asimilada por el clisé como una tristeza, pero, ¿por qué? es otra, una más es, y eso me viene tan digno, tan suficiente.

esta idea de lo único, que abrazamos tanto, ¿ha sido un error? poco me importa, lo relevante es que ya no creo en ella ni me apetece hacerlo y comprendo pacíficamente que la haya necesitado tanto alguna vez. lo único: me basta con que Dios lo es.

Dios. anoche me ha salvado otra vez. desde hace cinco años estoy habituado a escuchar las voces y a ver las sombras. me siguen, y las conozco. por eso, de un tiempo para acá, cuando aparecen, me causan una sensación más parecida a la alerta que al miedo. el miedo duró poco –gracias a Dios. si la realidad fuera mi garganta y el parámetro de mi salud, ellos son unos ganglios terribles. esto es oportuno para aclarar que afirmo que las cosas no tienen sentido aquí, en la tierra. pero que hay más fuera de nosotros /aún hay himnos que entonar más allá de los hombres/ decía paul celan. en otro orden que nosotros no sabemos o sabremos conocer, y ese todavía no es el terreno de Dios, pero lo subyace. aquí no tiene sentido, porque éste es el reino de eso que subyace, eso cuyas legiones son las voces y las sombras. el sinsentido, bajo la forma de sed de lo contrario, incompletitud, es la política del diablo. no quiero colaborar; no voy a buscar un sentido aquí –me parece, quizá, vil, pagano. pero yacer en la incompletitud también es una vía para sustraerse de la política del diablo.

pero yo vivo aquí y me dedico al entretenimiento –al mío. al de la carne y la idea que soy en este mundo, y las muchas ocurrencias posibles de suscitarse en mí tan sólo porque ocupo un lugar en este mundo que ocupa el mismo cuerpo que el mundo. este es el plazo del gran mientras en cuyo interior me agito. de una línea a otra, cambio; tengo menos entusiasmo que hace algunas líneas y empleo mi ocio en el registro de mis sensaciones. me automatizo; yo también soy un monitor, mi lengua está hecha de electrocardiograma.

a propósito: en uno de estos sueños suscitados en el escenario de las voces, soñé que alguien estaba viendo por mis ojos. que mis ojos eran utilizados para captar información. que todo lo que yo miraba, hacia donde era dirigida mi cabeza, se convertía en datos para alguien o alguienes. cerré los ojos con dolor y alguien gritó en el interior de mi cabeza. estaban molestos. fue duro esquivar eso y poder despertar. pero agradezco a Dios haber podido hacerlo. ese tipo de cosas me confirman que aquí no tiene sentido. me asumo como un espíritu científico; lo que pasa es que han incurrido en reducir el objeto del espíritu científico a lo que es propio de la materia. la física, por ejemplo, es una ciencia hermosísima y veraz. pero también hay cosas veraces que suceden aquí y que imprimen en esta realidad su consecuencia, como los deseos, las sensaciones, el amor, las imaginaciones, la música, la rabia, el miedo, las cosas que no se miden en peso, densidad y volumen, sobre todas las anteriores. la equivocación ha hecho grandes obras positivas, por ejemplo –todo produce efectos de los que ya he hablado.

me levanto aquí, despierto aquí. la tercera parte de mi recámara es una ventana muy grande en el cuarto piso cubierta por una sábana doblada de color celeste espeso. en las paredes blancas la resolana se unta azul. ese tipo de cosas me gustan y me maravillan tranquilamente –como yo sé maravillarme. tengo mis alegrías.

¿has salido de casa, de repente, a caminar sin tener un punto al cual dirigirte y sin ninguna necesidad de hacerlo? es decir, a las 10:44 pm, ¿se te ha ocurrido de pronto que puedes salir a caminar a ningún lado, y lo has hecho? a las 10:46 el mundo es otro. el mundo es una de las tantas cosas o no-cosas en esa misma condición. se descubre, me parece. tú eres congruente con la velocidad sobre la que te mueves. te sientes casi la piel de un animal cuando estás caminando por ahí, o una de las tantas chispas expelidas por un motor extraño, incognoscible, que en algún lado chirría.

cuando pienso cosas así, a veces me doy ternura. recuerdo un verso de panero que dice /tengo un idiota dentro de mí, que llora/ pero yo no sufro: yo miro las cosas –a mí me gusta tratar de entender. como ocupo mi tiempo de una forma autoquirúrgica, como lavoisier abría esos cuerpos abro yo quien cada vez soy. a veces siento que estoy un paso delante o un paso detrás de mí, y esta distancia me hace capaz de la ternura o, bien de la vergüenza. no voy ni más rápido ni más lento que yo; voy en otra sustancia distinta. montado en otra forma de animal. es un vehículo extraño ser este hombre. ¿que es mucho sitio para que una sola persona lo habite? por eso yo estoy varias veces solo.

tuve otro sueño, hace algunas noches. una muchacha de mi edad, a la que conozco desde niño (cuando, recuerdo, me parecía despreciable) y a la que no he visto en más de 10 años, viene a visitarme a casa. mi casa en el sueño es la de mis padres; mi cama está ahí, al lado de la de mi hermano. (cuando desperté, me pregunté por qué no aparecía la menor de mis hermanas; ahora que lo escribo sé que, en verdad, ella nunca vivió ahí: nació una vez que nos habíamos mudado.) en el sueño, ella (la muchacha) habla de una parte del sueño que no atino a recordar haber soñado. estamos acostados en cama y nos toqueteamos, cuando me reprocha: “¿no me habías dicho que… vivías… solo?”. se ha percatado de que estamos rodeados de mi familia, quienes están en hacer sus actividades más nimias o cotidianas y nos ignoran por completo, como si fuera natural que ambos estuviéramos ahí. trato de explicarme, pero no me da tiempo. sus manos ciñen con fuerza mis brazos y su cuerpo comienza a convulsionar. al interior de su rostro los rasgos se hinchan, revolcándose con violencia turbia, y la deforman revelándola como un demonio, una representación de las voces o sombras. resisto, e intento el conjuro, la llave para deshacerme de este tipo de amenazas en cada uno estos sueños: invocar a Dios, o creer nombrarlo. cuando ella percibe mi intención empieza a rogar que no lo haga (esto sí es nuevo en los sueños; he incluso golpeado a estos seres, pero jamás me habían rogado piedad). finalmente, lo hago y ella o lo que tenía la forma de ella, desaparece. estoy vivo y de vuelta a la realidad una vez más.

la música de mis triunfos es escueta. de la misma forma, hay pocas que causen en mí un deleite de tal plenitud como la estancia o mi transcurso sosegado en las inmediaciones de una llanura abierta, sentir mis moléculas transidas por la pureza de kilómetros. esa sensación me reúne, me identifica conmigo. hace unas semanas estuve algún tiempo recorriendo la carretera; de perfil, imaginé cómo las riberas entraban en la apariencia de mis ojos. los solares teñidos por la velocidad de un amarillo rampante, llegaban al colmo en mí y, conforme atardecía, toda la tarde terminaba por llegar el colmo. sentí que había sido impregnado. que mis poros contenían polen y chispas; el ruido del motor se acoplaba a dibujar con mayor o menor intensidad en el trazo según la aceleración mantenida.

no pude evitar recordar cuando, antes, sentía simpatía entre los bosques y yo. ya no me producen nada. no me asombra haber cambiado –tenía que pasar. me llena esta asimilación completa con las grandes llanuras, pero me es curioso aún el hecho e incluso me entusiasma un poco el no saber por qué esta atracción por las llanuras. no sé si quiero que dure mucho tiempo. por otro lado, ¿por qué estas ganas de señalar un punto, un puente, un lapso a lo menos, después del cual fui una vez más otro? antes hablaba con cursilería de esto; quizá ahora mismo lo haga, según vea mañana, cuando haya muerto también quien aquí habla. no mentía en ese entonces cuando adivinaba que había sido varios yo, pero lo decía con un dejo de sublime o de tristeza o de heroísmo –ahora sé que a todos les pasa, que nadie lo hace por sí mismo y que a todos les pasa, pero que a mí me importa que pase y parece que en ello estribo una parte de mi vocación. yo había muerto varias veces, casi la integridad de lo que en un momento fui, y si había rasgos que hablaban de una evolución o de una continuidad se debían más bien a la habilidad de la interpretación (por parte del siguiente estadio en ese momento) para improvisar nodos, vínculos, eslabones entre los retazos aislados y unificar en un concepto de mí que recordaba en esos grandes días de no ser y ser casi un animal de memoria, y a la buena intención de guardar una congruencia para seguir con esta cara, en esta vida, en este cuerpo, rodeada de una porción o selección casi estable de las mismas gentes… para hacer en fin las cosas aún más fáciles, o porque yo sigo siendo humano. estamos habituados a recrear aquello que ya no somos –ello ¿es un ejercicio semejante al amor?

lo cierto es que a quien habla ahora no le preocupa que yo cambie, casi ni por qué. sino cómo soy en cada cambio, cómo he sido. a dónde va todo esto. tratar de recordar con fidelidad –una empresa inútil que no me desespera comportar. ¿lograr clonar por la memoria y el ingenio, una representación idéntica de lo que yo fui? hacerme una vez más en la cabeza lo que el tiempo ya no dejó. llevar más de una persona en el cuerpo, en el tiempo. qué gran violentación. cuánto habrá de mentira en decir hoy, con esta boca y estos ojos, esto fui ayer, aquello ya no soy. quizá tengo ganas de quedar más fiel a mí en estas palabras que al que soy y me muevo en este cuerpo por este mundo –con la limitación que ello significa. de cualquier modo tengo una confianza suficiente para creer en que estoy claro ahora. quizá es, a la fecha, la temporada en que estoy más cerca del neutro absoluto. quizá es lo más lejos que he llegado, y mi soberbia (a la que defiendo) me impide pensar que es a lo más lejos que llegaré. ya ves que creo en que ando lejos.

el párrafo que comienzo lo escribo unos días después. tuve una recaída. este sábado, al anochecer, he contraído un absceso de melancolía que no cesó hasta llegar a su colmo cerca de 24 horas después. para entonces tenía miedo y mi percepción de la soledad no era aquella que amo sino el arrobo de una ebullición vivida en mí, acontecida en mi constitución, como si el agua no hirviera en la concavidad del recipiente sino a través del recipiente mismo. arden las moléculas acuosas que constituyen mi continente. estaba siendo aislado con dolor de mi neutralidad. la porción de agua que hay en cada cuerpo, esa se enturbia en mí. está siendo disparada en mi constitución. yo la percibí al anochecer del sábado: yo la esperaba, como muchas otras veces. el problema es que en esta ocasión no me preparé para ello; prepararme implica quedarme solo durante el tiempo que tarde en colmarme y estar listo para que la incandescencia negra ocupe cada punto. pero esta vez el absceso ha comenzado cuando yo estaba en medio de los otros. pude quedarme solo apenas unas horas antes del hervor. no supe apurar el trámite necesario; la hibernación que me recrea una dosis de temple y pasividad. por el contrario, para entonces estaba lleno de miedo y toda mi tristeza estaba hecha de miedo. necesitaba de alguien –es decir, de alguien de los otros en medio de los cuales yo había contraído este malestar y, probablemente, por el exceso de ellos. parece que, de igual manera que hacen las vacunas contra las enfermedades de epidemia, inoculándonos una dosis bastante aligerada del virus, una se cura de los demás estando en contacto de una sola persona de éstas, amable a nosotros.

me asombra un poco el tamaño de la distancia que hay entre uno y los demás. hay tantos millones de nosotros en este mundo, pero la operación que ejerce el yo, la individualidad, es suficiente para considerar a ese otro 99 por ciento de los mismos como el resto. nunca se ha puesto tanta fe en algo, a ciencia cierta, indemostrable. que uno es irrepetible en esta vida; que si a vivió de 1923 a 1979, nadie más fue a durante ese tiempo, y a veces pensamos que nadie más lo fue o lo será. y ¿qué confiere este dogma o certeza? que al parecer ocupamos un solo cuerpo. nos asumimos materia y consentimos en la irrevocabilidad de que no podemos ocupar más de un cuerpo en el espacio. de tácito, asumimos que el límite para ocuparlo es el tiempo que, desconocemos, hemos de vivir. cada trayectoria es una oportunidad, o la única, de ocupar un cuerpo en el espacio, o sólo un cuerpo. una de las cosas que debía maravillarnos del sexo es (muy en el fondo) el poderío de ocupar otro cuerpo. es decir, de acuerdo a esta noción sospechada, restituirnos en otra actualidad. mi piel es el límite de mí y cuando entro en la tuya desafío a la física o siento vértigo de romper esas leyes. me gusta acotar que esto de entrar no se reduce a penetrar; en la cópula, la mujer entra en uno, y eso es porque la plataforma de los hombres es superficie. la mujer entra en uno por fuera, pero entra en uno. todos nosotros entramos.

no sé cuántos años llevo creyendo que ser es un estado pleno. me convertiría en una isla o una piedra. es un error, pero quiero cometerlo. es decir, todos sabemos que esto es imposible buscado como estado o hábitat: la plenitud, la felicidad. pero no es suficiente saberlo. ¿por qué seguimos deseando? incluso quien reniega de la felicidad y se empeña en algo contrario o a lo menos distinto, sólo consigue concebirlo bajo la misma forma: plenitud en eso otro que se busca. plenitud de hastío, plenitud de color verde o rojo, plenitud musical, plenitud solitaria. no hay muchos que se propongan de veras, pero los que lo hacen siempre quieren ser todo en eso que quieren. incluso quien busca el equilibro, aspira a todo el equilibro.

no tengo metas en este mundo y no sé a dónde voy. sé que debo quererlo, y menos le encuentro sentido, aunque estoy de acuerdo en que lo necesite. no quiero nada, es decir no hay nada a lo que yo aspire que se gane del todo mi corazón. incluso el amor, que lo he querido y volveré a hacerlo… nunca estaré a gusto de todo con que este propósito no sea también mezquino. dudo que deje de sentir que estoy esquivando algo. sería, de cualquier modo, bastante digno poder contentarse en el otro, o ajustarse a hacerlo. no sé si haya una empresa más honrosa que tratar de amar a alguien y ser amado por éste. o de hacer la vida con alguien, sin destruir algo del otro y más de sí mismo, o la posibilidad de los demás por hacer una y otra cosa con esa misma persona. desconfío que todos seamos capaces de eso (incluso, más sinceramente, pienso que muy pocos son capaces de eso, y también estoy de acuerdo –pero no dejaré de lamentar el día en que todos empezamos a creer que deberíamos ser capaces de eso). tal vez debería aceptarse que lo más adecuado o legítimo es tratar de amar a alguien –ser amado debe ser o es accesorio; no sé si todos lo sepan y lo callen. es un asunto bastante complicado, sobre todo cuando crees que amar es cierto ahí donde también te aman, y que de lo contrario sólo ejerces una idolatría o una admiración o sostienes algo falso –porque no puedes conocer de veras a alguien que no te ama, que es donde se expone esa persona toda y, si no la conoces, ¿a quién dices que amas, cómo dices que amas si no sabes a quién estás amando? amar es un asunto de persona. vaya, que es complicadísimo y, obviamente, miles de veces más de lo que describo o ya me desafano por describir. es tan pero tan difícil, que por eso creo que hay muy pocos seres que de veras sean capaces de amar –ser amado es un arte menos difícil, pero podría ser empezado a verse también como una parte activa, la forma de ejercer esta paciencia por parte del amado. por otro lado (hay evidencias, pues) no es necesario amar ni lo otro tampoco –quizá sí hacer como si eso, o creer que lo hacemos. casi nadie lo hace ni lo recibe y de todos modos se las arreglan –ah, soy uno de esos que aquel día empezaron a creer que éste era un asunto que nos incluía a todos. creo que es algo perjudicial el que todos hagamos como que es lo más importante, o aunque nos empeñemos en que no lo sea, seguir teniéndolo como un referente. es cierto que por amor o sus contrarios se mueven todas las cosas, pero lo que yo me pregunto es que si eso pasa porque hacemos o creemos que es lo más importante. si todos creyéramos que lo más importante es convertirse en isla, me pregunto si eso no movería (igual) todas las cosas.

todas estas preguntas me parecen cosas de adolescente, superadas… por la edad, porque crecemos. porque tuvimos que desfasarnos de ellas, no porque las hayamos respondido –quizá por eso tuvimos que desfasarnos. pero sigo creyendo que eran interesantes. que no les prestamos más atención porque no supimos qué hacer con esos asuntos, qué postura tomar. las cosas comienzan a ponerse difíciles y uno opta por lo fácil, no por lo verdadero –obviamente. es obvio que si la mayoría coincide en seguir la misma mentira, el núcleo de esta mentira termina por hacer ejercer en el radio de acción sus leyes propias, armónicas entre sí, y bajo éstas cumplimos años, nos enamoramos y adquirimos una identidad. hace su verosimilitud en esta realidad y luego todos nos movemos en esa mentira y el que no haya a lo más dos que tres excepciones entre un montón de no-excepciones hace pensar que esta mentira es la verdad –y las excepciones, las de regla en el combo. será la realidad (por ahora, la realidad cambia), pero no es la verdad. la verdad –también lo he pensado, sólo es problema de unos cuantos. ¿qué obsesión por ser humanos? se puede vivir siendo menos que eso. hay muchas formas de ser humano… pero como la básica parte de que nos distinguimos de los animales porque tenemos consciencia… viene esta cuestión de buscar la verdad. pero yo he visto personas a las que, las circunstancias, las han hecho desear ser animales. he visto sujetos encorvados a los que les pesa tener alma. he presenciado su existencia llorar por no ser libres… de andar en cuatro patas. llevan su conciencia como un fardo. deber ser persona porque se nació humano… nadie lo eligió. es una vocación casi animal seguir porque sí en esta ruta –y casi es lo establecido. pero las insatisfacciones al final del camino y durante él (o la insatisfacción que representa cualquier camino instalado en medio de tanta llanura virgen a nuestra elección), y el acatamiento a ciertas rutinas o formas establecidas de ser alguien, de amar como un sujeto de, o un hombre o una mujer de bien, se parecen tanto al adiestramiento, están movidas por una mecánica pavloviana. yo he comenzado esta digresión, de las preguntas de adolescente (y hago ahora esta misma acotación), porque me veo impelido a sentir vergüenza de seguir(me) preguntando estas cosas y pensando en ellas –pero ¡por qué!

ahora, reconozco que si lo hago es también porque (a mí manera) me he adiestrado para actuar contra mis sensaciones y mis impulsos. desconfío de ese gran nadie mecánico que crece conmigo. algunos han acusado que debo dejar tanta autoquirurgia, que es demasiado clínico o frío, o… mecánico. pero ya ven, por ejemplo, mi vergüenza: cómo ha querido asaltarme sin que lo deseara. yace en nosotros una mecánica venérea, molecular, inherente. la mayor parte del tiempo ella responde por nosotros, y no quien somos. afirmo que, a pesar de todo, por lo menos en más de una ocasión durante nuestra vida, nosotros somos nosotros. y ese momento o esos momentos, aunque tampoco vayan a parar a ningún lado –no tienen por qué hacerlo, ¡se trata de ser y no de una herramienta o estrategia!– valen por todo lo demás. creo que, cuando ocurre, ser es la felicidad, ser es el paraíso.

corte. –viernes 23 de mayo de 2008, 00:26 horas. calor de 29 grados, letárgico. empiezo a escribir esto unas 8 horas después que lo inmediato anterior, pero estoy cargado de una combinación de ideas, si no distintas, lejanas a las del párrafo anterior. debí haber anunciado que hace unos días he tomado la resolución de cambiar de ciudad. ayer, cerca de las 3 de la tarde, han vuelto a llamar desde esa otra ciudad para ofrecerme por tercera vez un empleo –tengo uno, pero desde hace rato que ya no lo quiero. acepté. sin más. no sé por qué lo hice. sentí que debía hacerlo. de un tiempo mis sentimientos de arraigo, de los cuales no me fío mucho, habían empezado a afianzarse en esta ciudad que, recuerdo, hace mucho no quería yo para mí, en absoluto. uno empieza a querer lo que tiene, no lo que quería –y eso me preocupa mucho, me interesa de veras eso. aquella ciudad es más grande –aunque la verdad no me importa el tamaño de las ciudades, he vivido en ciudades más grandes que esa –haber incurrido en esa experiencia, y no suscitarme ningún sentimiento que de veras me llenase, consiguió por fin el deshacerme de ese otro ídolo que representan las distancias ensoñadas o, aún más mezquino, la idea de vivir en metrópolis contemporáneas. he aceptado porque, recuerdo, a mí me gustaba el cambio y me hacía sentir bien y porque (insisto) recuerdo que yo no quería quedarme aquí en ese entonces en el que los sentimientos de arraigo aún no amenazaban los sentimientos de voluntad o de esperanza.

lo que me ha parado a escribir esto (estaba leyendo hace unos momentos) es algo así como una imagen por demás arbitraria. me distraje un momento de la lectura. entré en esos estaDios casi autistas que le vienen a veces a uno. imaginaba la gente a la que conocería en esa otra ciudad –el golpe ha sido fuerte. me ha aparecido un montón de iguales. me ha parecido un gran desperdicio, por ejemplo, la destreza que Dios ha imprimido en cada uno de los rostros para que todos seamos distintos –y, apenas… me ha parecido una payasada tan lamentable y obscena, por ejemplo, los atuendos, los cortes de cabello, los accesorios, la manera en que posamos en las fotografías

/de niño odiaba las fotografías, no tanto que me las tomasen (el daño ya era irrevocable:) como el hecho de que existiesen; me parecía que estaban hechas para recordar, lo que significaba asumir con tanta naturaleza que ese momento grato y digno de la cámara también estaba sujeto a ser olvidado, superado por una acumulación eventual y garantizada de hechos desafines; también, más a fondo y quizá absurdo, implicaba que ese momento grato era algo especial, o sea un hecho aislado, casi dificilísimo de conseguir, y que también pasaría –nunca podré concebir cuánto amé mientras fui niño en el niño que fui y de qué forma tan natural (como si fuera lo mismo que respirar o abrir los ojos y ver), cuánto amé la eternidad/

la forma de sonreír. eso me está haciendo ahora muy triste. sé qué me pasará, que me olvidaré de esto y volveré a leer como si nada.

–¡qué cosa que lo sepa! ¿debería pasarme? ¿no legitima una tristeza esta imaginación, que se las debe en mucho con la realidad? se supone que quiero comprender, por qué esperar entonces a qué me pase. hace unas horas no sabía cuánto tardaría en conciliar el sueño, y el pensar en ese trecho de tedio aguardándome me hacía gris, desanimado. ahora que pienso en esto, parece que ya quiero que me pase. no. ¿por qué quiero tanto la diferencia, la particularidad? quiero personas. quiero almas que se sepan dignas. quiero que sea justo lo que hemos debido de ser con lo que aquí representamos. ser es tal vez uno de mis últimos ídolos, de abandonarlo también, en qué empresa habría de embarcarme. yo he dicho al inicio de todo esto que trato de reivindicar la futilidad. el ocuparnos de algo, que es oportuno que haya cosas que se tengan que hacer, o que uno se las tome así, que es lo conducente. y el no seguir el sentido mezquino de las cosas, esta trayectoria horizontal que no recorremos nosotros, sino que somos recorridos con ella, por ella. nosotros no crecemos en horizontal ni en vertical, eso es para los objetos… el crecimiento verdadero que nos corresponde es hacia la constitución de uno mismo, un movimiento de irrigación saturante. (siento la corrosión de mi estatura empotrarse contra resistencias en mis huesos.) con esperar un sentido, trato de decir… que haya justicia aquí. que esta realidad tenga que ser justa con nosotros. eso no lo espero ya. sólo nosotros podemos ser justos con nosotros. que la realidad lo sea es pedirle peras al olmo, es engañarnos. es rendirnos ante ese olmo falso. ahora a mucha gente le ha dado por culpar a Dios. pero, ¿no es obvio que éste no es su reino?

reparo en que he comenzado la digresión con una anotación tan precisa. es un gesto compensatorio –pienso en cosas indefinibles, más grande que yo o lo que de ellas pueda yo decir. el registro de la fecha exacta es lo (acaso) asible de toda esta sensación –que no por inasible deja de ser verdadera. se me dificulta un poco tratar con todos estos canales de viento. esta arpa cuyos hilos no dejan de aparecer y de crecer cada uno. escribo rápido pero nunca lo suficiente para captar todos esos hilos que están ahora cruzando por ahí con su montón de matices y brillos irrepetibles. aunque me pasase la vida escribiendo digresiones de digresiones siempre habré estado hablando del mismo hilo. de uno solo de los hilos, el que pude mirar un momento yo durante algunos fragmentos de su transcurso en que coincidió con mis ojos abiertos y la inocencia de mi disposición a tratar de decirlo.

yo he dicho al inicio de todo esto que trato de reivindicar la futilidad. el ocuparnos de algo, que es oportuno que haya cosas que se tengan que hacer, o que uno se las tome así, que es lo conducente. no intento ser congruente con lo que digo aquí, porque mentiría, falsearía las cosas. uno es un cúmulo sin colmo de cosas a la vez y ninguna completamente como para buscar la perfección de la congruencia. sólo trato de ser congruente con que lo digo. yo escribo y a la vez soy rodrigo guajardo; exacerbo su diferencia y la mía. me percato de que estoy mucho más amainado que al principio, y el animal editor que también he contraído me dice que debo de editar un montón de párrafos, suprimir algunas líneas, confesiones vergonzosas y alejadas de toda “literariedad” –ja. a eso me dedico, me gano el pan mintiendo así. a veces pienso que elegí por vocación escribir para que los demás pudieran mentir mejor. pero por qué tengo que divertir profesionalmente, ¿es qué me ha interesado antes eso, el éxito literario? lo habría conseguido ya porque sé mentir muy bien y actuar, y actuarme a mí mismo de formas impecables: no me importa, en el fondo no me importa. me avergonzaría de veras y con justicia el que lo intentase así y lo consiguiese. cuando lo hago es sólo por deleitarme en los alcances de mi obscenidad. algún día también seré un payaso, es lo más probable –quizá mucho de lo que escribo aquí lo hago motivado para que quede alguna evidencia que no siempre lo fui. este mundo es suficiente droga, todos estamos lo bastante alienados y corrompidos como para que haga falta divertir. todos estamos demasiado divertidos. hay una gran fiesta en las inmediaciones –como una fiesta instalada en la rutina de un aeropuerto.

no es una lástima que yo escriba esto tan menguado de quien he sido, a veces –es lo natural. corroído por el tránsito de la gran fiesta, el sonido de los aviones despegando se ha llevado mucho de mis oídos, la lluvia anónima del confeti hace bisutería en mis poros. /quien se analiza está enfermo/ dice quien tantas cosas me enseñó.

3 comentarios

3 respuestas hasta el momento ↓

  • stefanía // Septiembre 3, 2009 a 3:25 am

    : ) sonrío por sonreír, porque no sé qué decir, una vez más.
    Saludos Rodrigo.

  • Janett Zapata // Octubre 29, 2009 a 12:18 pm

    Excelente, de nuevo, me quedo asi -> :O
    Me encanta¡¡ como escribes, esas cosas tan simples y cotidianas que aveces no sabemos ver, o no nos detenemos a pensar, tu nos haces recordarlas.
    Saludos, espero estes de lo mejor¡¡
    Sabes que te aprecio bastante¡¡ cuidate¡¡

  • ale // Noviembre 23, 2009 a 10:40 pm

    : )…. lindo

Dejar un comentario