máquina de escribir

Entradas clasificadas como ‘registro de las omisiones’

anteses

Septiembre 21, 2009 · 2 comentarios

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tengo una sensación tan real que no la cambiaría

aparecer en este instante suelto en la tundra

mi sensación es tan real que seguiría en mí

aunque yo fuera otro

despierto en el sitio que está cada vez en su lugar

ahora podría prescindir de hacerlo

hay una opción donde solía asombrarme

la inminente sospecha de que alguien va a llegar me suple

debí abrir los ojos cuando pasó una velocidad captada así

la vida afuera parece una mentira que haya algo

que se identifica como afuera

algo|afuera

lástima de la exposición

nada me duele ni hace falta

doler ni da miedo el animal fiel

que viene a morir en pos de ti o mío

|||||||||ojalá que mi amada no se llamara de algún modo

|||||||||ojalá que mi soledad fuera el neutro aún

sutilmente temblado donde se han ido ambos espejos

apenas en otro tiempo frente a frente

|||||||||ojalá que este poema sea el fin de la representación

|||||||||ojalá que pudiera escribirlo directo con los dedos

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ojalá que toda mi vida fuera idéntica a ahora mismo

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carmen

Abril 27, 2009 · Dejar un comentario

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cada día me gustas más

y mañana es el último día

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pero aún mañana no es el colmo de lo que me gustas.

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aquí y ahora

Marzo 27, 2009 · 3 comentarios

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                                   “es un conocimiento al que sólo puede llegarse con…

 

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el ejercicio de mi cisne

su delicada intempestiva, la exposición a su yacimiento anterior

vivir cada vez en los hangares temblando de su ida

su sombra es la ocurrencia y resulta aquí despliegue

aun así, ¡señores! aquí tiene toda potestad, y las venias 

es inocente. si tiene que ser su ominosa inutilidad: hágase

caprichos santos

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            por uno soy yo a veces

            el que lo dice, por otro

           el resto es tan posible que nunca

            durante tanto tiempo no, nadie. es capaz que muera de víspera

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pero es cierto. ahora dice que toda verdad debería comprobarse

por su facultad de convertirse en canto, derrapar por la música

sin detenerla. dejarse oír como una crema por el baile

como una crema se unta como un aire

suficiente para el aire

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            si no puede cantarse, no es cierto

            si no puede cantarse, no es de donde yo tengo una sed famosa por la que

                 [dará cuenta mi vida

            y canta mi omisión

            si no puede cantarse, sólo es de donde yo estoy

            y el cisne parece que se atreve –pero es

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hace mucha distancia, hasta aquí. su gracia es extraña como una afrenta

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                                                                                                                  -a mi hermano Edgar Favela

                                                                                  —

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instrucciones para un r.o. que no escribí

Enero 8, 2009 · Dejar un comentario

2005, diciembre 8. “en primer plano, la bicicleta; en segundo, derribé la tapia; en tercero, hay el surco de un río por el que no corre agua. sobre la resolana aún está calada lluvia

en respuesta: el sonido que hace la lluvia no es el suyo, sino el de las piedras contra las que chasca. las cosas sólidas ofrecen una resonancia que no es la propia; el sonido de suyo, es un mentira. yo debo estar llorando, pero tengo los ojos secos. pero yo casi escucho el río donde no corre agua. qué importa si me hace llorar a cántaros ese sonido que debiera: y no; tal inexistencia forja una decisión más definitiva que las piedras. la dureza, la solidez, lo denso, lo que hace huella o pesa… no son cánones válidos. la realidad no es un parámetro de la vida, sino su paredón.

no es una evidencia de nada, sino el aniquilamiento más rápido de lo que (verdaderamente) es. yo nací en C y nunca he sido de aquí; mi presencia ha venido a confirmar una mentira que se extiende más allá de ella. C es sólo un punto de la mentira que no tiene límites. el derrotero tampoco es este pueblo por sí mismo o singularmente, lo que pasa es que éste también se encuentra en las inmediaciones de el derrotero.

la única condena es la incapacidad para que sean ponderadas, advertidas, las cosas imposibles. el paraíso es verdad porque está limpio de toda existencia. yo amo la verdad, porque mi encuentro con C lo es, y ha acontecido por medio de un instrumento fantasma. yo ya no quiero ni una sola cosa de aquí,

estoy listo”.

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*r.o. – siglas para registro de las omisiones, serie indefinida que tengo años escribiendo (e inescribiendo). éste era el “argumento” de otro capítulo más que no escribí.

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sobre la antiexistencia –o abolición de la realidad

Enero 4, 2009 · Dejar un comentario

a Lorena Cantú: a su clarividencia

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2009, enero 3, 23:42 –no sé qué va a pasarme este año. en principio, con el cambio en la cifra de la fecha, nada tiene por qué cambiar: pero yo lo quiero. eso, a pesar de que cada vez espero menos cosas de aquí y (a la vez) cada vez me convenzo un poco más de que voy a seguir aquí, en esta posición y quizá hasta en el mismo departamento. es cierto que cada vez espero menos cosas, pero también que cada vez me convenzo más de que es posible seguir aquí esperando cada vez menos cosas. tengo mis afanes kamikazes y, de pronto, me da por esperar llegar a no esperar absolutamente nada y darme cuenta de que el resto de lo que hay –todo eso que durará con o sin la víspera– seguirá siendo posible.

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aún hay cantos que entonar / más allá de los hombres

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es una línea de Paul Celan en Cristal de aliento escrita con la tristeza de haber vislumbrado una esperanza mayor a la que podría responder cualquier suerte por venir en el destino de los seres. el poema dice, aun así, una esperanza cuya hechura no es terreste… concibe una felicidad posthumana. pero, ¿cómo es que lo ha hecho? el poema hace evidente una insuficiencia en las defensas de la realidad para hacernos verosímil su hegemonía: lo real de la realidad y, sobre todo, el que ésta se limite a las cosas que existen.

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no hay verdadera inspiración que no surja de la anomalía

de un alma más vasta que el mundo

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apunta Emile Cioran en un texto que, a propósito, intitula El equívoco del genio –y la inspiración de la que el poema de Celan da cuenta es una de tal pureza que, por existir,  resulta una afrenta para la psicología y la física. coloca en un ámbito, sin aptitudes para representarle ni medirle, a eso que no sólo no existe, sino que ni siquiera necesita de hacerlo para infringir su vértigo (y la esperanza que significa) en la realidad.

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una oscura pradera me convida (…) su girasol callando

-fragmento; en Enemigo rumor, de José Lezama Lima

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se trata sólo de advertir la operación y actualidad de la antiexistencia. la omisión que (qué bien) no podremos abolir, la frontera a la que el espacio no sabe oponer dimensiones y para la que la realidad no tiene sensibilidad bastante ni, su registro, fidelidad capaz.

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una vocación de inmediato

Septiembre 15, 2008 · Dejar un comentario

el domingo escuché la lluvia toda la noche, con el cuerpo a ras de la ventana y el oído abierto en ella como un animal que admira. lo hice a oscuras y lo único que hice durante el domingo fue eso, si no es más justo decir que eso es lo único que fui. en el tránsito de esta atención, un pensamiento apenas me distrajo [sí me gustaría vivir mucho tiempo, para escucharla más y más días], pero no insistí mucho en él. a la operación de comprender la sorpresa, preferí la de rendirme ante su exposición: actitud y vía pequeñita (pero bastante) de incurrir en el deseo de la eternidad.

de inmediato, me quedé donde mismo y esta inacción implicaba la sensación gozosa y pura de volver. fui algunas cosas: fui donde se escucha el sonido y también el recorrido del aire por su estela siguiente. lo mismo se recreaba sobre lo mismo en la inmediación de mi hangar; el dibujo del futuro no rompía la actualidad: se recreaba. contemporáneo del instante, lejos de exacerbar el calibre de mi autismo, esta disposición pudo reintegrarme, como si yo siempre hubiera estado hecho de afuera –y de la música que es lo mismo que ella y, casi sentí, que yo –sentí que nosotros éramos lo mismo que nosotros.

así debí haber cerrado los ojos y dormir a la altura de la ventana. es cierto que no me propuse dejarla abierta, pero en el fondo me gustaría más pensar que tuve fe y acerté. pues en verdad, en lo que yo insisto en llamarla y según las leyes que ejerce su verosimilitud, no había manera de que la lluvia entrara más a la casa que conmigo ahí dentro. ni había espacio ni necesidad.

de un modo semejante al colmo, creo que ello debió complacerme, pues no tuve la oportunidad de sospechar que más tarde, o ahora, despertaría para dar esta noticia –al punto: la única actividad que tengo cierta para el día de hoy (y en acto), pero que no tenía ayer ni hace un momento siquiera. es tan reciente su calidad y sino que cualquier momento antes sólo podía no tenerla.

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despertares

Agosto 27, 2008 · Dejar un comentario

05:36 am. otra vez me he hecho caso al impulso y a la sinrazón de levantarme de un golpe de la cama, cuando el resto de las cosas –la costumbre y la rutina, por ejemplo; el cuerpo incluso– me inclinarían a no hacerlo. no tengo ninguna obligación, ni a qué hacerlo o a dónde deba ir, y de mi cuerpo puedo asegurar que sigue cansado. pero de nuevo la sensación es muy satisfactoria y estoy contento. dentro de unos momentos vendrá el alba. por ahora, he vuelto de pasear un poco por lo más reciente de esta noche a punto de terminar.

hay lluvia por doquier; su intensidad tupida y el cuerpo de cada línea es tan delgado que por direcciones inéditas el viento la mueve y surte a placer. yo tengo un enjambre brillante por silueta y por sombra mientras camino; una algarabía de pequeñas astillas satura la inmediación reventándose en mí cuando trascurro por dentro de su ámbito: un fresco o amablemente frío acontecimiento.

son este tipo de situaciones en las que el tesoro de mi soledad me recuerda por qué lo amo. me da por pensar que, si pudiera apartar y colocar según mi arbitrio el resto de mis instantes en esta vida, me gustaría acomodarlos todos sólo en estos breves lapsos de cada día –poco antes de amanecer y unos cuantos metros más amanecer adentro. pienso que de este modo podría vivir más de 300 años, aunque tal vez el que sólo lo haga así por los años que me corresponden y me quedan valdría tanto la pena.

es que inmediatamente, y en acto, entiendo que es suficiente. tampoco quiero explotar esta hermosa sensación y ser sólo y solo tan feliz. las calles están vacías, y al racimo de luz disfrutado por los faroles, desde ventanas que podría contar con los dedos, se integra la porción iluminada que derraman los edificios. el sonido de la ciudad, que más tarde será indistinguible del día mismo y que se confundirá con vivir aquí o (lo que es igual) ser humano y estar vivo, es tan nítido ahora que resulta bellamente frágil y verdadero, fácil de cercenar, acoger y cerrarlo en la medida de un puño que –me place saberlo en esa proporción– es también la de mi corazón.

qué diferente soy a quien hace menos de 4 horas se echó a dormir sin deseos de hacerlo y sólo muy cansado. mis últimos pensamientos en la vigilia anterior los dedicaba al tedio: me preguntaba a qué horas debo de dormir y de qué lado hasta que se me cerraron los ojos, sin concluir de ello nada. pero qué distancia media y crece desde eso que se ha convertido en una isla despedida hace ya tiempo hasta esta barca en que, parece, avancé. y cuánto me satisface saber que lo siento y que lo siento más, aun por encima de la fatiga de mi cuerpo que no se colmó de descanso.

miro por mi ventana abierta cerca de donde escribo. el sol está por salir; pero antes, cuando el gris nublado moja el ras de las superficies, las unta de un brillo cuyo mecanismo prescinde de él para acontecer en los ojos la figuración que efectivamente descubre. deja ver las cosas en su facultad de ser además visiones, y en la mía de ser sujeto de sorpresa y de integrarme en un ángulo que ha empotrado en mí la revelación –y que también soy yo.

no podré continuar más despierto dentro de poco. con alta fidelidad presiento cómo entraré al sueño con mi cuerpo mientras afuera el sol hace lo mismo con el día, y unas cosas ocupan su lugar y su sede desalojan las otras para que el tiempo tenga cabida y, por ejemplo, yo sea por uno de estos momentos quien soy y no esté ni bien ni mal dejar de serlo durante los otros, todavía.

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