VANGUARDIAS. Mauricio Fernández (MF), alcalde de San Pedro Garza García, acaba de anunciar su nueva “estrategia para combatir la criminalidad”: investigar a las trabajadoras del servicio doméstico, jardineros, mozos, entre otros empleados de las familias sampetrinas, y levantar con sus datos un padrón que respalde la seguridad de sus patrones, ciudadanos de San Pedro. El argumento: mencionó casos de robo a domicilios perpetrados por el propio personal de servicio. El argumento personal: MF mencionó que sus nietos fueron víctimas de intento de secuestro por parte de los novios de algunas de sus trabajadoras del servicio doméstico. En lo personal de MF, si calificamos a ésta como su nueva estrategia, es porque la anterior fue pactar con el crimen organizado la seguridad del municipio que representa, como él mismo lo confesó para Índigo, poco antes de las elecciones en las que obtendría el aval de su ciudadanía, resultando ganador.
POTENCIAL. Se trata de investigar a personas por un delito que no han cometido, y que en la gran mayoría de los casos, como demuestra la historia del servicio doméstico y el sentido común –de lo contrario, sus patrones ya hubieran prescindido de él- no cometerán. Todos serán investigados por un delito en el que la mayor parte no incurrirá. “Serán investigados por un delito que no han cometido… aún”, parece dictar el ánimo de esta iniciativa. Aún: la posibilidad, lo que podría suceder: la ficción… No es otro el motor que hace rodar este gesto de la Administración paranoico y absurdo. Y es ése el delito real, concreto, vigente: investigar a alguien -con la acusación implícita, la sospecha que supone- como potencialmente culpable hasta que no se demuestra lo contrario. Y si las leyes no permiten esto, ¿cómo es posible? Lo es por otra de las acepciones de la palabra “potencial”: porque se tiene el poder de hacerlo –y se abusa de él.
SOSPECHOSOS… COMUNES, ¿O ELITE? Para los que apoyan esta investigación, el resto somos delincuentes en potencia, desde ya o más tarde: es igualmente posible que cuando hayan descubierto que las trabajadoras del servicio doméstico no eran tan peligrosas como suponían, el dedo inquisidor seguirá con los empleados de las fábricas o con cualquiera que no tenga una empresa propia. En la realidad, el que sí es sospechoso es el propio MF, y con argumentos: las autoridades judiciales a nivel federal investigan los sospechosos vínculos que mantiene con gente muy sospechosa, de la que no se sabe a qué se dedica ni el nombre ni el rostro ni su ubicación, porque MF no lo puede decir, pero que posiblemente conoce, pues esos vínculos le permitieron vaticinar, con horas de antelación, el hecho de un asesinato: la premonición de un crimen cuyo cuerpo del delito (un cádaver)sería descubierto después. (Si la ficción es una herramienta en la nueva estrategia de Mauricio, ¿no será su objetivo un espectáculo distractor? Si Mauricio tiene vínculos que le dan el poder de prever hechos delictivos, cuando no ordenarlos, para combatir la criminalidad, ¿no sería más efectivo que los revelara? –es pregunta).
PREGUNTAS GENERADORAS, NO GENERALES. ¿A quién hay que investigar? ¿Al cuerpo general de las trabajadoras del servicio doméstico de los sampetrinos? ¿O, generalizando también, a Mauricio y a la gente que lo rodea: su familia? ¿A la gente con la que trabaja: sus socios, su gabinete, su partido? ¿A su clase: los empresarios, los grandes accionistas, los coleccionistas de valiosísimas obras de arte, los propietarios de grandes extensiones de tierra? No. A ninguno de éstos: porque son inocentes hasta que se demuestre lo contrario. ¿Entonces hay que investigarlos mientras tanto? No, porque ni el pertenecer a un partido político, ni que el municipio o algunas de sus familias concentren gran parte de la riqueza del estado y del país, ni que MF haya operado en gran parte del centro del municipio de García para transformarlo en una zona turística donde poner sus negocios –con el visto bueno del ex alcalde garciense de extracción priísta, ahora parte su gabinete–, ni mucho menos poseer una colección de obras valuadas en cantidades de pesos que la mayoría no podemos imaginar, es motivo de sospecha –de veras que no.
LAS TRABAJADORAS DEL SERVICIO DOMÉSTICO SÍ SON MOTIVO DE SOSPECHA. En definitiva, a las que hay que investigar es a ellas, pero investigar cuántas horas tiene su jornada diaria, los días que descansan a la semana, si descansan, cuántas de ellas tienen un contrato laboral, prima vacacional, seguro social, desde cuándo trabajan en esas casas y a qué edad empezaron; si no han sido víctimas de cualquier tipo de abuso, si ninguna de ellas ha sido acosada sexualmente por alguien de la casa o visitantes, si no han presenciado eventos o pláticas sospechosas que sea necesario denunciar; si están conscientes de los derechos a los que son acreedoras como mujeres, como indígenas –si lo son–, como trabajadoras y, claro, como humanas. Las trabajadoras del servicio doméstico tienen derechos, no respetarlas –ése sí– es un acto criminal. Investigarlas de este modo sería una nueva, pero sobre todo verdadera estrategia para combatir la criminalidad.
NUESTRA POSTURA. Nos manifestamos completamente en contra de políticas públicas que ostenten la exclusión y la discriminación por condición social, de clase, racial, de género, étnica y/o identitaria, estigmatizando a la ciudadanía. Estaremos al pendiente de la información que surja respecto al caso y procuraremos mantener informada a la comunidad en general; así también, por diferentes medios, intentaremos acercarnos a las personas directamente afectadas. Hemos comenzado a estudiar el caso desde un punto de vista legal, como primera acción, y desde él partiremos a realizar las que sean necesarias y, al caso, correspondientes. Nos solidarizamos con la comunidad afectada y con organizaciones civiles, grupos de personas e individuos que reaccionen con actividades afines a esta problemática.
–a 12 de Noviembre de 2009, en la ciudad de Monterrey, Nuevo León: Árbol de todas raíces.