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daría el 90 por ciento de mi patrimonio por prohibirle teorizar sobre los pobres a los que nunca los han conocido ―ni amado. daría ese 90 por ciento y acaso me costara al día una hora más; eso, para darme un baño en otro lugar ―quizá― con la misma agua fría.
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pd: el 10 por ciento que me guardo es para comentarles que lo hice, amigos sinceramente bienintencionados ―tal es el embargo al que somete “vuestra” cómoda alteridad.
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“VEINTICUATRO. Me gustaría vivir en otro país, ser de otro país. (Pero soy de éste.) Uno de esos países donde se vive bien, las universidades son buenas y no tienes que humillarte para vivir a medias, o por debajo. (Me dan mucha risa todos esos extranjeros que vienen a decirnos cómo hacer las cosas, mejorar nuestra democracia o elevar nuestro calidad de vida. Si sacaran a esas empresas suyas, trasnacionales, de países como los nuestros no podrían estudiar tan bien ni viajar para decirnos cómo hacer las cosas mientras hacen currículum, doctorados y postdoctorados o integran instituciones realmente internacionales en pro de los derechos humanos o enorme asociaciones de beneficencia pública. Esos estudios, sus teóricos y gurúes, la grandeza de sus altruistas… ni siquiera existirían).
Hay vocaciones, empresas e incluso vidas que sólo pueden fincarse en la desgracia del invisible, del objeto de estudio o del sujeto de compasión. Pero tanto peca el que… / hasta que lo rompe.”