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a una muchacha que quería hacer bien las cosas
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eres bonita
y dices ser terrible
y oscura,
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me dices
que no te importo,
¿tendría acaso que
importarte si sólo nos
unió una cama?
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me pides que te compare
con ésta y con aquélla,
qué no sabes
muchacha,
da igual tú o cualquiera.
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y que me cuentas tus cosas
sólo porque estás confundida,
que las dices así nada más
y no porque sea yo
quien puede entenderlas.
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¿que no te importo?
me dices y te escucho,
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¿que quieres hacer bien las cosas?
no, no te creo.
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sobre la ruina de las sábanas -y el ron y la oscura ambigüedad de dos o tres mujeres que besan cuando acaba la música. sobre las olas blancas que tuestan esta ciudad partida por el miedo. mañana lloverá, o tal vez no, o tal vez sólo este cuarto donde no hay música ni mujeres ebrias ni ruina ni nada que me importe tanto como para no ver el mundo, cerrar los ojos
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y reír en silencio.
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1982
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nosotros,
muchachos,
los que nacimos sin historia y andamos
animales torvos con la sonrisa liviana,
nosotros,
que ya sin terror ni angustia
ni nada por qué sonrojarnos
decimos
―nada es verdad
nada es verdad,
y andamos así,
ebrios de glorias caducas,
luchando causas en
las que no creemos
e idolatrando efigies
que no nos corresponden.
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nosotros,
huecos y doloridos
porque los héroes se han ido acobardando
y las ridículas banderas nos dejaron en la mano.
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es ya hora muchachos,
es ya hora de postrarnos ante los grandes palacios
de las grandiosas autoridades,
abracemos todos las sagradas academias
porque el arte la literatura y la poesía
y los magnánimos temas nos han servido para nada
―porque hay que saberlo
hay que saber que sabemos
porque debemos saber algo
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cualquier cosa.
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es el tiempo,
es ya el tiempo de los que no nacimos en la guerra
ni en la entreguerra,
es el tiempo de los que quisimos hacer cosas importantes
y avasallados terminamos por lo que apenas vimos
con el rabillo del ojo
―pero hemos visto la furia,
la furia
la furia en los ojos indiferentes de la muerte,
la hemos visto
y entonces gritemos
gritemos
porque también es testimonio
e importa…
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es ya hora muchachos,
digámoslo ya
―no creemos en nada,
nada sirve para nada,
llenémonos la boca con la
tragedia de nuestra ingenuidad
y estemos tranquilos,
porque hay que decirlo
―hay que decirlo y gritarlo nuevamente,
porque se debe hacer
es necesario
es nuestra responsabilidad,
debemos hacerlo…
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muchachos,
es la hora,
sabemos que sabemos,
pregonemos pues el fin de los tiempos,
la caída de todos los imperios
y la muerte de todas las historias
y cantemos
cantemos
cantemos honestamente
―porque hay que gritarlo
hay que decirlo
aunque ya casi todo
nos provoque una risotada macabra.
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muchachos,
estemos tranquilos,
sentémonos en la gran mesa redonda,
mirémonos los rostros
y las sonrisas
y bebamos el último vaso de la noche,
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porque hay que comprenderlo,
porque sabemos que sabemos,
porque sabemos que debemos saberlo,
porque debemos,
debemos
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―y eso es suficiente.|
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