|
“Me gustaba el océano, caminar por la playa, sentarme
y escucharlo… ahora no me importa si no lo vuelvo a ver
―Eso, o cualquier otra cosa”|
They Shoot Horses, Don’t They?
|
|
una vez que se han visto filmes como They Shoot Horses, Don’t They? (Pollack, 1969), The Last Picture Show (Bogdanovich, 1971) o Les invasions barbares (Arcand, 2003); que se ha leído a Cortázar, Cioran, Lispector, Kundera, Papini y Musil; consintiendo en que uno vive con la poesía de Vallejo, Pessoa o Rilke, o en general con la poesía -de tener la desgracia bendecida ante su constante exposición…
pero sobre todo ahí donde uno sigue jactándose de creer en Dios, y de buscar la verdad o preocuparse por la justicia, estar en paz siquiera o (a lo menos) intentar ser feliz; ahí donde a pesar de todo es innegable percatarse que hemos yacido a contrapelo de un milagro, o a sus expensas, y que ser humano es mucho más y de veras que lo que hacemos a diario (e incluso casi todo lo contrario de eso que hacemos o en lo que nos confundimos)…
a fin de cuentas, algunos años después de haber nacido, de comenzar a morir, es que resulta tan congruentemente insufrible seguir quedándose nomás en esto, y que es tan apremiante un golpe de fe brutal que sacuda nuestro nombre del rostro y a nosotros de aquí ―como en la soledad del corredor de fondo.
|

0 respuestas hasta el momento ↓
Todavía no hay comentarios... Empiece usted rellenando el siguiente formulario.