parezco entrar en tu casa de noche.
las paredes humedecen el ámbito de límite.
recorro habitante lentitud submarina. ella se apila
en el último: en el más reciente escalón infringe sombra
adentro de la sombra. hay cajas negras. y hay
cajas negras en las habitaciones como al interior
de un vuelo cuyas esquirlas marchan continuas desocupadas
franjas en cielo por el aire, hace tiempo. hace cuántos yacen
en el cielo diamantes nuevos que la omisión pule.
la frontera entre su objeto y el resplandor es una vitrina cutánea
a sus tejidos adiposo es el anverso del fulgor —¿has visto
mariposas golpeando el candado cristalino? creen entrar en la luz,
¿pregunto? escuchan en el golpe de su cuerpo la música de los accesos
y la manifestación de cercanía
corroe su materia dolorida de tránsito que, en un momento más, chascará
de parte del calor. a la carne del ojo el brillo sólo parece confirmar algo
de su correspondiente noción primaria. muertas naturalezas
muertas faunas aladas sujetas en el cuadro diáfano ingrave
por un clavo y sedales que lágrimas al ojo son, péndulo
al reloj. así yo soy en tu extensión pero un colmo rodante, así yo soy
mágico instalado en tu limbo y alveolado solar, semejante a un golpe
cíclope en cuyo impacto coloca el ojo abierto su visión
ahincada por las ráfagas: yo ya sólo puedo ver cosas veloces
huidas, saltos, desbarrancamientos. una suerte de rojos
tu corazón extirpa o exhibe barrenado por
las planas exfoliadas de la ubicua
flor neutral de aquesta insolación: significa mi acontecimiento y que soy yo
una de tus cajas negras. en incremento del espacio el péndulo se izó
cometa: mujer, hay (por lo menos) una nube.
duele abrir esta burbuja en tu oscuridad y mi mano en esta
agua intacta sumergida por doquier estrecha el lado único.
materia ceñida (o) actitud de isla, arena trenzada con espuma son
los pájaros puntuales las estrellas cerezas que retrazan
pululan y contraen hirviendo fibrosos esta fronda. ahora: la maravilla
no es ésa en facultad de árbol, sino la
previamente sombra inexplicable que no la requirió.
se adivinan hormigas amarillas allí donde un follaje debió dejar pasar el sol.
cargan las de sus fragmentos hendidas veces en la espalda como una
cruz que el otoño no —¿existe el otoño?
¿harán esperar hasta él el hambre? ¿pacerán en suma esa paciencia?
pero volvamos a la flor. el cielo está verde de ver desgañitarse
ese jardín hacia allá lanzar su carrera, donde (quizá) el otoño…
reincidamos pequeña, detalladamente, como un rayo al mismo sitio.
en foco está ya el mínimo común múltiplo del jardín: esta flor
surte de un núcleo que no ve: incluso atina
la impresión de isoglosas. tu constitución en acto.
otras chispas flechan ciegas donde aún no has sido
y deslabran del gran puzzle la orilla de tus hombros o
acaban por rezurcir un collar donde pondría los besos.
de esa misma llama suena la nervazón que se vislumbra
vertirse entre tus cabellos repartida, desde un cántaro
flexible todavía en muchos filamentos idéntica al frisar
su resquemor: esto amo. lo que indicia por partir el cielo
en el cielo con el cielo. el hangar latente nuevo asomar
cuando todo ha volado —debo detener estos clavos que no
cesan de ocurrir ahí donde se los dejó.
crecen los muebles hirientes desde su presunto empotrado pasivo.
hay animales aquí siameses que viven anteriores
uno detrás del otro (su mano y la cometa donde jamás
termina el viento) sin alcanzarse nunca.
el espacio sucede a penas entre ellos en esta playa llena
de pelotas cristales que no rompen la ventana reiterada
gotas enormes que el tornasol adora y una y otra vez repasa
untando grosor aceitemente: ello espeta nácares esmaltes
más cerca de la páramos disponible a cualquier
cosa en acción y efecto de guijarro, pero cada vez más
lejos del ojo emisor, la flor oblicua, deslindada —lo sé: se cierne falsa
esta profusa limpidez agresiva. obtendrá de revés un carbón —¿varios?
en el ojo que cierra madura su mentira de piedra con ese fin.
te he abierto en mis ojos, en eso me llagas de hacer.
cuchilla cuyo filo está en brillar: puedo cerrar los ojos, puedo
si quiero, estrellarlos con tu imagen en estas paredes
de movedizo oasis y con quirurgia muñones cercenar estas gotas
añicos en que los que cabe quebrar la duración del espejo
en que narciso perdura muerto y eco nunca existió.
pero me gusta verte intentar el daño.
voy a darte el tiempo para reunirte, napalm desencadenada.
entre ráfagas que la bengala desrayó es oportuno entreverar
dulces en tus fisuras agitadas —hola:
en punto de las 6 he identificado una caja negra en tránsito
de mi clavícula a mi voz. guarda en su compartimento
actos semejantes a que
has volado en mil pedazos,
serpentinas blancas y rojas incrustadas en el pabellón —no pasa nada
a lo más, las incisiones del muro están satinadas de sorpresa, ni los pedazos
gozan de averías. en resumen, el caramelo está reconstruido y
listo para volver a explotar en esta improvisada
circunstancia en las inmediaciones del meteoro. así tú misma
apareces desnuda en casa. ni más lejos ni más veloz.
ahora estás bailando en mi garganta y por fin
yo voy a tocar en ti cantar el tiempo hacerse sensación
y la sensación animales claros, amplias habitaciones
circulares escaleras que de perfil parecen de perfil un caracol
y suenan como el mar adentro de uno.
tengo ganas de besarte en los oídos las canciones ante estas
cómodas luces en que varias veces cabría el sol. luces en que tú, las
luces en que, tanto, tú
tú: sí.