sueño con una legión, anónima e inadvertida a sí, de poetas omisos. me gustará que se sepan de veras solos y, aun, que no se sepan: que sean solos. cuento con la duda-motor de este animal para que tal forma de vida les resulte indistinguible de respirar y acumular años, sin explicación ni idea de que ésta pueda existir. sus poemas serán como cosas olvidadas de una casa de alquiler a otra, consistiendo en que solos como han de estar jamás tendrán la paz ni podrán detenerse a descansar en sitio alguno –porque eso es lo conducente. si sus versos se quejan o blasfeman, será de algo que ellos no entienden, y si ríen será de algo que no van a tener. alentados por esto cebo inefable y casi cruel, han de escribir cosas menos importantes que la sed que los desgarra, pero a la vez más ciertas y justas que los poemas que escriben adentro de esta casa mentida los poetas que no han salido. el exceso de presencia ha sugestionado a mi república despedida de que esa es la realidad. *
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*tengo fe en que algo de su obra saldrá a la luz, si tiene que hacerlo, mañana o en siglos. pero sin necesidad de adornarlos con la forma grandilocuente de un libro, o de hacerles una publicidad obscena a su naturaleza, o de convertirlos en motivo de estudio y herramienta para aprender una realidad que no es la del poema ni la del hombre –sino sólo la pequeñita del estudio. con esa fe, tengo la certeza sosegada de que el 98 por ciento de lo que escribimos los ahorita contemporáneos comenzará a olvidarse en menos de 100 años o en menos, y de ahí en adelante, sólo un poco más que el registro de nuestros nombres. esto siempre ha sido así. si hoy tomáramos 1000 años de cualquier literatura, sería incluso difícil reunir 100 obras –¿cuánto más 100 nombres?